Amazonas

Esta es una de mis últimas paradas en Perú y ya se me estan acabando las fuerzas. Después del intenso viaje en los Andes, un día en Lima y después el vuelo a Iquitos me agota todas las energias que tenía reservadas para el viaje.

Con sus edificios invadidos por el moho, las miles de motocicletas en las calles, las palmeras, las mujeres con vestidos floreados y sandalias de plastico, tengo un deja-vu y creo que me metí sin querer a una novela de Vargas Llosa.

En Iquitos veo llover como nunca había visto llover en mi vida y una humedad penetrante que nunca había sentido en toda mi vida. El Río Nanay, que mas adelante se une al Amazonas, me empieza a sorpender con su ondulaciones, su cuerpo verde, su potente fuerza que nos arrastra hasta lo mas profundo de la zona amazonica.

Al navegar en una balsa mediana hacia el Amazonas el color del agua se torna marron y mi vista se tiene que expander hasta 180 grados para alcanzar a ver lo ancho del río que se abre, se extiende, crece y se agranda en proporciones maravillosas.

Sufrâ de todo: piquetes de mosquitos, calor pegajoso, cansancio, ataques de changos, de todo. Pero esto se compensa por estar unos días en el paraiso. Las cabañas del Logde Synchicuy estan hechas de cañas y palmas, con mosquiteros por ventanas, sin electricidad y alumbrados con quinques. Todo esto es tan exótico y extravagante que me envuelve en la naturaleza del lugar.