Cusco

Llegar a Cusco no es fácil. Para aterrizar el avión da un giro casi cerrado y se inclina sobre su izquierda para alinearse con la pista. Me aferro con las uñas al asiento y me alegro de no haber desayunado.

Descendemos del avión y espero que los 3800 metros sobre el nivel del mar me afecten de inmediato, pero esta juega un poco con el corazón y me atonta lentamente. Se agota el oxigeno, se borra la mirada y de momento la maleta es mi único soporte.

Al recibirnos nos advierten tener calma, no exaltarse y sobre todo no acelerarse.

"Hay muchos turistas que se enferman del mal de altura y no se pueden levantar

de la cama por tres días," nos indica el guía. Pero el mal de altura no es otra cosa que insuficiencia cardiaca y falta de oxigenación, lo que hace que se apodere de mi un leve pánico. Pero no hay que exaltarse.

"Tomen una siesta de por lo menos una hora, descansen, dejen que se aclimate el corazón y tomen un mate de coca." Yo tomo mis precauciones: duermo dos horas y me tomo dos mates de coca.

Nuestro itinerario es cerrado, hay que visitar todos los sitios arqueológicos en Cusco en menos de seis horas. El recorrido inicia por el Museo Arqueológico Qorikancha que alberga al Convento de Santo Domingo.

Cusco fue fundado por el inca Manco Capac 1000 d.C. bajo el nombre de Tihuantinsuyo. Cuenta la tradición que Manco Capac fue enviado por el Sol para civilizar a los indios, él se instaló en Cusco y expandió la cultura. La palabra Cusco significa en quechua "el ombligo del mundo."

Qorikancha fue recinto de valientes emperadores incas en donde rendían culto al Sol y a la Luna en un impresionante complejo arquitectónico.

Los incas desarrollaron una arquitectura lítica que se refleja en la grandeza de su imperio. Cada una de las rocas eran talladas finamente y sus ángulos eran engranados de tal manera que sobreviven sismos de gran intensidad.

Cuando llegó Pizarro en 1532 le sorprendió ver que los incas contaban con una compleja estructura social y política que se extendía por Perú, Ecuador, Bolivia, Argentina y Chile. También al ver la impresionante solidez de Qorikancha, los españoles erigieron un convento sobre este.

En Cusco parece que el tiempo se detuvo, la población vive casi al cien por ciento del turismo por lo que conservan el ambiente tradicional andino. Actualmente Cusco cuenta con una población de medio millón de habitantes, esta dentro de las trece provincias de Perú.

Este valle dentro de los Andes cuenta con un completo circuito arqueológico con Ollantaytambo, Saqsaywaman, Q’enqo, Pisac, Tambomachay que conservan la magnificencia del imperio inca.

Estos sitios forman parte del Valle Sagrado de los Dioses, y Cusco aún preserva su contorno urbano en forma de jaguar. Saqsaywaman está a la cabeza del jaguar y Qorikancha en la cola.

Todo lo vimos en una sola tarde, los guías saben que estamos aturdidos y nos dan una poción hecha a base de alcohol, hoja de coca y otras plantas medicinales para que la frotemos sobre nuestra frente.

Cae la noche y partimos el siguiente día rumbo a Pisac.

ATARDECER ANDINO

Entre los incas el culto al sol era obligatorio. No es para menos. Los Andes nos invitan a adorar el sol con bellos atardeceres en un el cielo limpio entre la impresionante verticalidad de las montañas.

Tenemos la tarde libre en un bello y elegante hotel. Me entero que hay caballos y corro con el grupo para ver quien me quiere acompañar. Christina se anima, yo sabía que no me podía fallar.

Empieza a caer la tarde. Caminamos en perfecta armonía a lo largo de una muralla inca. Antonio, nuestro guía, nos sorprende por su conocimiento de las montañas. Con sus ojos transparentes, su piel canela y su forma atlética, nos lleva en un recorrido por la sencillez del lugar.

Antonio nos habla de la manera de que los incas pintaban sus textiles, como viven los granjeros, la mejor manera de cuidar un caballo y nos advierte de los peligros del Amazonas. Nos relata como en su infancia acampaba por días sobreviviendo con el mínimo. Lo observo y lo siento una persona completa.

Con paciencia camina a mi lado para calmar al caballo.

Nos cuenta que la gente del pueblo es sencilla. La gente vive de una manera muy humilde. En las cocinas crían cuy, o conejillo de indias, y los dejan libres por toda la casa para que se beneficien del calor.

Toda la familia duerme en una misma habitación. Los padres se encargan del trabajo pesado como es el arado, los niños del pastoreo de los animales, mientras que la madre se encarga de preparar los alimentos y cuidar de la casa.

Vemos apaciblemente el atardecer en Los Andes.

CORPUS CHRISTI

Son las seis de la tarde y estamos sentados en las escaleras de la barroca Catedral de Cusco. Yo con un poco de escepticismo dejo mi cámara en el cuarto del hotel. Era mi día libre y tenía una tortícolis de andar cargado todo mi equipo. Pero. la gente se empieza a reunir, la plaza se llena y por las puertas salen enormes esculturas de santos sostenidos por la gente.

Esto es demasiado maravilloso, demasiado color, demasiada gente y demasiada devoción como para no tomar fotografías. Emprendo una corrida despavorida rumbo al entre las callejuelas, doblando esquinas, esquivado carros con el miedo de que todo termine en la plaza.

Regreso satisfecha a observar la ceremonia que es una combinación de fuerza, coordinación, color y sonido. Un sitio para experimentar una sinestesia pura.

El peso de las esculturas es enorme, requiere de un gran esfuerzo físico y de coordinación para llevarlo con la mayor estabilidad posible. Detrás de la procesión los acompaña una banda, y la gente marcha al ritmo de la música.

Hay gentes que van descalzos, hay otros que van vestidos con ropa de calle, hay otros que portan indumentaria inca, otros llevan a sus niños, lo importante es estar ahí y me alegro de compartir con ellos esa celebración.

Entre la muchedumbre, autoridades calculan que había más de 5 mil personas, aparece una cara conocida. Aparece Jilmar, uno de nuestros guías, limpiando con un pañuelo su cara sudorosa. Irma y yo lo observamos con desconcierto, no esperábamos verlo ahí.

Jilmar nos cuenta como las gente de cada pueblo cuida de su santo y lo lleva su escultura por la plaza. La mitad de la gente que lo carga pertenece a la comunidad agrícola de la región, la otra mitad pertenece a los comerciantes.

Es tanta la resistencia para cargar al santo, que el mismo peso los obliga a que den vueltas. Para ellos es un presagio si el santo gira en dirección a los campesinos, eso les indica que se beneficiará la agricultura, de igual manera pasa con los comerciantes.

Las esculturas de los santos fueron talladas en distintas fechas durante el siglo XVII. La información oficial no lo cuenta, pero Jilmar nos relata como los antiguos incas rechazaban la religión católica, al estar trabajando con los monjes en las esculturas, incluían figurillas incas de jaguares adentro de la escultura, para así poderle rendir culto secretamente.

Los mitos continúan en una mezcla de catolicismo e idolatría como Jilmar le llama "inca, católico, sincrético". La gente sigue fiel a sus tradiciones incas. En la calle le pregunto a una niña y me cuenta que su familia aún acude a la celebración del Inti Raymi, al dios sol, el 24 de junio. David Peña, un estudiante de antropología y fotógrafo, me relata que el también acude cada año a la celebración.

Entre la gente, los olores dulces de la comida, y el frío que quema, nos envuelve en una atmósfera humana, nos lleva hasta el fondo de la gente, nos distribuye entre los cusqueños en esta tumultuosa ceremonia al aire libre.