Lima la ciudad
Es noche y estoy cansada, recorrer medio continente en una pequeña cabina de la aeronave me agotó, pero al abrirse la puerta del avión el olor a mar inunda la cabina y se me olvida todo. El mar cumple con su trabajo.
Como diestros cazadores, los taxistas nos invaden, señores nos ofrece llevar el equipaje, el bullicio del aeropuerto, turistas adormilados y despistados, los autobuses, las calles congestionadas y el ruido de una gran ciudad trae recuerdos sospechosos.
"Se parece al Distrito Federal y yo pensé que venía a Lima, no a la capital" reclamo. "Si, pero Lima tiene ese inconfundible olor salino," exclama con los brazos en alto Miguel Angel Zapata, catedrático de la Universidad de Texas en El Paso quien valientemente llevó a ocho estudiantes a conocer y a estudiar en el país andino.
Cierto; tardo unos minutos en
digerir el aperitivo de Lima y en ubicar mi mente en Sudamérica. La brújula me
falla un poco.
Ya en el hotel, con poco de agua en la cara, un par vasos de Pisco, la bebida tradicional de Perú, y estoy lista para descubrir la ciudad, lista para a cantar "México lindo" con un par de guitarras e intentar extrañar sin éxito la dulce patria.
Cae la noche sobre Lima.
Sólo hay una hora de diferencia entre Juárez y Lima así que es fácil levantarme el siguiente día y para conocer la ciudad. Selene, guía de la Municipalidad de Lima, nos recibe en el lobby del hotel y nos lleva a recorrer la ciudad.
Corriendo por las avenidas a bordo
de en una combi blanca, nos enseña cada lugar de la ciudad. Con un
pequeño altavoz nos indica:
-A su derecha esta equis plaza.
-Oh... sí. Todos decimos.
-A la izquierda esta equis convento.
-Oh... sí.
-Allá, aquel puente. Y veo pasar una imagen zumbando por mi ventana. -Es el de la canción "La flor de la canela."
-Oh... sí. Me sentía como una turista japonesa viendo todo por una ventana. Pero todo es divertido, parte de la aventura. Sentado atrás en la combi, Zapata nos observa en silencio.
Con todo el crédito que se
merece, Selene nos guía excelentemente por el Museo de la Nación fundado por el
Instituto Nacional de la Cultura. A pesar de ser de reciente apertura, el museo
cuenta con una completa exposición de artículos prehispánicos.
En su exposición permanente tiene una sala dedicada a la recolección y a la agricultura en los Andes Centrales, desde aldeas preagrícolas hasta los grandes complejos monumentales. Sus salas del periodo Formativo y de Desarrollos Regionales cuentan con una completa reproducción de pinturas rupestres, templos y costumbres funerarias, incluyendo una vista aérea de las líneas de Nazca y de Machu Picchu. El museo es impresionante, pero más lo es ir a los sitios arqueológicos por uno mismo.
Y todo continúa y aumenta el
respeto hacia Lima.
La ciudad nos atrapa con la cantidad de edificios de todos estilos. Sus calles y avenidas ofrecen una historia y un colorido tan peculiar digno de hacer de ellas una estampa.
Las avenidas nos sorprenden con el elegante Museo de Arte Italiano, la Plaza Mayor, la Plaza a San Martín, su Catedral en donde está sepultado Pizarro, el hermoso El Palacio Arzobispal, e innumerables edificios señoriales como el Palacio Presidencial.
Según cuentan, las fachadas del centro son amarillas para que contrasten con el imperante cielo gris de Lima. Al rededor de la Plaza de Armas todo es amarillo desde las construcciones hasta los jardines muy bien cuidados.
Algunos la llaman "La ciudad de los balcones." No es para menos. No hay construcción que por lo menos tenga uno. El más bello es el balcón del Palacio Arzobispal con sus hermosas celosías de cedro.
Selene nos muestra el centro de Lima hermoso y pulcro. Pero hay que continuar y subir hacia el Cerro de San Cristóbal.
Subimos muy lentamente por un área
humilde en Lima. La realidad tan similar a México se presenta ante nosotros:
calles sin pavimentar, casas hechas con cartón, niños mal vestidos. A pesar de
no querer aceptarlo, es reconfortante saber que México no es el único.
Desde la cumbre del Cerro de San Cristóbal, al norte de la ciudad, se ve todo lo que la neblina te permite ver. A los pies pasa el Río Rimac que significa el río que canta. Ahora ya no grita, está vacío gracias a un programa de racionalización del agua que le quitó su encanto.
La estancia es breve, rápido tomo un par de fotos, me subo a la barda y me dan ganas de tirarme, pero antes de que crezcan esas ganas da la hora de partir para ir a comer.
De todos los alimentos en Perú, sus 345 variedades de papa su colosal maíz y sus hermosas frutas, quedo prendida del pescado y sus miles maneras de prepararlo. La comida con una buena compañía y un Inca Cola hace maravillas.
Después de la comida Selene nos libera y nos lleva de vuelta al Hotel Ariosto. Es hora de salir a descubrir la ciudad a pie.
GENTE Y SUS HISTORIAS
Es el día libre, hace calor y humedad como cualquier verano, a pesar de estar a la entrada del invierno en el hemisferio sur. Margarita, Zoraya y yo nos vamos a explorar la ciudad sin dirección alguna.
Caminamos entre sus callejuelas y
plazas, entre sus avenidas y jardines en el antiguo barrio de Barrancos. Un
pintor impresionista sería feliz en Lima, la luz nos sorprende, la calidez y
brillantez de la vegetación hace que no transcurra el tiempo. Comemos unos
dulces Picarones acompañados de un excelente vino chileno. Nos sentimos bellas,
felices y compartimos la alegría de caminar en perfecta confianza buscando el
Pacífico.
Atravesamos por el bello Puente de los Suspiros, observamos las parejas de enamorados darse tiernamente besos en las bancas cercanas al puente. Seguimos por nuestro camino hasta llegar a los peñascos sobre el Pacífico y bajar hasta el mar.
En la orilla del océano conocemos a Martín, un niño vendedor de dulces, muy caballeroso, quien está enamorado de la cantante mexicana Thalía. Al vernos y al saber que somos mexicanas, se llena de alegría e ilusión al saber que está un poco cerca de algo cercano a su diva.
Quiere saber todo sobre ella, qué diario lee, cómo es su casa, si tiene novio y si la conocemos en persona. Con esfuerzo las tres tratamos de recordar lo poco o mucho que sabemos de Thalía para hacerlo feliz.
Con sus ojos color miel, sus pecas, y su voz franca, Martín se despide de nosotras. Desde el taxi observo como su silueta se hace más chiquita hasta confundirse con la brisa del mar.
HOGAR
DULCE HOGAR
La bella Lima abre sus puertas al mar y a los Andes, a la historia y el mito, a la realidad y al sueño sudamericano que bien recibe al viajero errante.
Visitar Lima como la turista tradicional tuvo la ventaja de ver las cosas más bonitas de la ciudad, pero definitivamente caminar y perderse por las calles significa encontrarse con maravillas.
El pintor Miguel Lescano nos atiende de maravilla y con Irma nos lleva a conocer más plazas, calles, expendios con miles de libros, cassettes y discos. A tomar cerveza Cusqueña en los bares donde "se juntaban los poetas malditos", según nos relata.
La ciudad ha cambiado mucho con Fujimori. Hace unos años no había tanto turismo como lo hay ahora. "La gente no venía a Lima," Lescano explica. "Nosotros podíamos estar aquí sentados y afuera podría explotar un coche bomba. Fujimori ha cambiado muchas cosas."
Sin haber estado antes ahí me imagino como era todo. No es difícil creer que las plazas que ahora lucen majestuosas, llenas de flores y de gente, algún día estuvieran destruidas.
En Lima, definitivamente, es todo un reto esquivar a los automovilistas. Un buen amigo Rodolfo Casas explica que los limeños son tercos para manejar, no les gusta ceder ni ante un peatón indefenso. En varias ocasiones estuve a tiempo de ser atropellada.
En Lima, definitivamente, es todo un reto esquivar a los automovilistas. Un buen amigo Rodolfo Casas explica que los limeños son tercos para manejar, no les gusta ceder ni ante un peatón indefenso. En varias ocasiones estuve a tiempo de ser atropellada.
Con sus más de 9 millones de
habitantes, ofrece mil texturas. La gente es linda, gusta sonreír, entrega el
corazón con la mirada. A pesar de que nunca nos pudimos quitar la facha de
turistas, nos tratan bien y hasta nos confunden con sudamericanas.
-Son venezolanas.
-No.
-Son bolivianas.
-No.
-Son colombianas.
-No, somos mexicanas pero venimos de Estados Unidos, bueno, de Texas.
A Lima volvimos en dos ocasiones, después de nuestro viaje a Cusco y después de volver del Amazonas. Después de vivir dos completas aventuras que nos dejaron agotados pero con ganas de seguir recorriendo la ciudad.
El Hotel Ariosto sobre la Avenida La Paz, es como nuestro segundo hogar, nuestra base, nuestro refugio y descanso. Hasta ahí llega el olor salino del mar, a pesar de estar a unas diez cuadras de la costa.
Es triste despedirse de Lima, tomar el avión que me llevará a casa llena de recuerdos, enamorada de América y hablando como siempre con mi conciencia. No es fácil volar en una cabina cerrada después de haber experimentado la libertad de los Andes y la belleza de Perú.